Sin duda una manera muy especial de seguir manteniendo vivas sus tradiciones. El barrio chino en el DF es una de las zonas mas concurridas de la capital y que se encuentra en el primer cuadro de la ciudad.

Desde la década de los años 70’s, un grupo de inmigrantes orientales comenzaron a crear su comunidad en México, poco a poco llegaron a contabilizarse hasta ahora más de 3 mil y la descendencia continúa.

A unas cuadras del centro histórico de la Ciudad de México se puede apreciar su colorido, su fiesta, sus olores… Es el barrio chino del DF en donde convergen la cultura mexicana y la cutura oriental en tan sólo dos calles, suficientes para mostrar lo rico, variado y sorprendente que son sus orígenes.

Su medicina, platillos especiales, adornos, vestimenta, artículos para decoración, tiendas de regalos y panaderías es tan solo parte de lo que se puede conocer desde la comodidad de tu ciudad y sin pagar un sólo peso para cruzar el planeta entero.

A nuestra llegada comenzaba, por casualidad, un ritual de inauguración de un local en donde se especializan en la venta de platillos típicos. Nos sorprendió ver arreglos de flores enormes a la entrada del negocio, si, como los que los mexicanos utilizamos para hacer llegar condolencias a los sepelios cuando un familiar o amigo fallece. Gran cantidad de alfombra roja precisamente acomodada y los preparativos para la dánza típica de los dragones enormes, movidos por ágiles bailarines en su interior que brincan y se menean al ritmo de diversos instrumentos como tambores y más.

Con la formalidad en sus rostros, los dueños del lugar comenzaron su ceremonia y poco a poco los invitados y curiosos se aglomeraban en la calle para disfrutar del show, que además estuvo aderezado con unos típicos conos rellenos de pólvora y confeti que había que hacer tronar en cualquier momento para que el escándalo y los colores de los papeles de su interior dieran aún mas vida al pequeño pero muy emotivo momento.

Al finaliar el ritual, que no duró más de 15 minutos, continuamos nuestro recorrido hacia el pasaje adornado con faroles típicos de la región de color rojo, amarillo y dorado. Nos encontramos la combinación de los idiomas escritos en las fachadas de los establecimientos y caminando de un lado a otro los dueños, que sin duda se conocen, se apoyan entre ellos y reciben a sus paisanos con gran emoción o a los turistas curiosos que no pierden la oportunidad de imaginarse estar en China, Japón, Filipinas o Corea.

Comer en uno de sus restsurantes, entrar a las tiendas de miscelanea o unirse a las festividades que a lo largo del año organiza la comunidad es imperdible, como por ejemplo su año nuevo, una fiesta en donde se come, se toma y se reúnen para platicar se didfruta de rituales especiales, música y más.

Carlos Quirarte

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