Sin duda México es maravilloso, es una combinación de gente trabajadora, con ideas creativas y ganas de salir adelante. Nuestro país es está lleno sorpresas, de rincones mágicos que no debemos dejar morir, que son partebde nuestra identidad como pueblo.

Me fui a buscar al sur de la Ciudad de México el que llaman “mercado del músico”, una calle repleta de puestos semi-ambulantes a las afueras del Sindicato de Músicos en el DF en donde encuentras absolutamente todo lo relacionado a esta forma de expresión sin fronteras.

image

Desde hace 20 años, según me platican los más experiementados del lugar, al interior del sindicato se reunian toda clase de músicos para intercambiar instrumentos y algunos otros artefactos que ayudaran al mejor desempeño de su forma de vida. Aquello se volvía semana a semana toda una fiesta, colegas, amigos, nuevos talentos y retirados, se reunían no solo para obtener lo que necesitaban, sino también para intercambiar ideas, saludos, cometarios y proyectos.

Al poco tiempo las nuevas administraciones simplemente los sacaron del espacio privado y a partir de ese momento todo cambió. El mercado del músico sigue teniendo, muy en el fondo, la única intención de inculcar en las nuevas generaciones el idioma universal del corazón.

Con añoranza, los dueños de los puestos más atiborrados de instrumentos cuentan que ya no es lo mismo que antes, que el objetivo del mercado se ha desvirtuado poco y aún así siguen de pié.

Acordeones, clarinetes, flautas, violines, teclados, armónicas, todos los instrumentos existentes para que su sonido sea conjugado y como resultado arrojen melodias perfectas, los encuentras aquí. Algunos comentan que los “trueques” se siguen dando, dependiendo del valor de los instrumentos, de su trato, historia, calidad, uso y precio. Famosos músicos como los que conformaron Los Bukis o la misma Sonora Santanera, no pierden la oportunidad de recorrer el mercado ubicado a espaldas de la estación del metro Taxqueña en la capital del país.

Debo confesar que cuando llegué, me encontré con una cantidad exagerada de artefactos que no conocía, que no sabía cómo se llamaban y menos el sonido que producían, detalle que no me importó, ya que gracias a la calidéz de los comerciantes, los toqué, los bailé, los hice sonar. Ellos no juzgan por no saber las definiciones de cada instrumento, ellos te guían para que conozcas lo que llaman: el alimento del alma, La Música.

Carlos Quirarte

Anuncios