Por: Carlos Quirarte

Yo los llamé autos-tambo. Son la creación de un mexicano que sintió la necesidad de cumplir el sueño de una de sus nietas y después, como le sobraba tiempo, decidió invertirlo en hacer de los tambos-contenedores algo realmente maravilloso y que me dejó sorprendido.

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Llegar hasta su casa fue toda una travesía,  debo confesar que la Ciudad de México siempre ha sido muy complicada de estudiar para mi. Es un ex Policía Federal, está retirado a consecuencia de un problema en  el corazón y después de 20 años de servicio, ahora dedica el tiempo a su familia, entre ellos a su esposa y a sus nietos.

En la plática me dejó claro que fue muy difícil abandonar el arma que estaba acostumbrado a llevar con él como su herramienta de trabajo todos los días, ahora sólo carga con la placa en el pecho y bajo una playera que le recuerda que un día sirvió al país y de lo cual está muy orgulloso.

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Durante la enfermedad que padeció, y por la que fue retirado de su cargo en la Policía Federal, su nieta le pidió que le enseñara a manejar. Ella era muy pequeña, comenta que apenas alcanzaba los 3 años. Cuando logró ponerse de pié y hacer que su corazón funcionara más o menos bien, puso manos a la obra y creó los autos que ahora se están volviendo una sensación en la capital mexicana.

Solicitó unos tambos que contenían miel a un amigo, después los pintó y gracias a sus conocimientos en mecánica (ya que creció en un taller de la familia), realizó algunas adaptaciones y así consiguió con unas baterías, que el auto cumpliera el sueño de su nieta. Hasta ese momento ese auto de juguete no alcanzaba los 10 km/hr y dejó maravillada a la pequeña. Su sueño ya estaba cumplido.

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Pasó el tiempo y su mente no lo dejó descansar, desarmó una motocicleta para adaptarla a una base un poco más grande, poder aumentar el tamaño del auto y mejorar las condiciones de los tambos. Trabajó en algunos detalles de seguridad del “coche”, hizo una base más resistente, adaptó los medidores de velocidad, de gasolina y los pedales para comenzar con lo que más tarde, sería uno de los trabajos más satisfactorios de su vida según cuenta. Ahora el auto bi-plaza alcanza hasta los 50 kilómetros por hora, tarda aproximadamente un mes en realizar cada uno de ellos y los hace por pedido en la cochera de su casa. Estos artefactos van de los 20 a los 35 mil pesos y son una verdadera joya para quienes antes, mucho años atrás, jugaban con estos contenedores y soñaban en hacerlos caminar. Ahora sale a las calles de au colonia y la gente lo reconoce no como el Policía Federal, sino como el creador de los curiosos choches-tambo.

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