Así tratamos a nuestros atletas en Río 2016, las Olimpiadas que no llegaron a México.

Por: Carlos Quirarte

No voy a profundizar en las razones por las que las dos cadenas de televisión más importantes de México no transmiten los juegos olímpicos 2016, ya que no tengo conocimiento profundo al respecto y tampoco justifica el poco apoyo a los atletas participantes en Rio 2016.

Lo que podemos debatir en este blog es sin duda, la cobertura que se está realizando para México por parte de quienes transmiten la justa deportiva internacional, ya que como todos, también he tenido la oportunidad de sintonizar por televisión, radio o seguir por internet lo que ocurre en Rio 2016 y creo que ya no es lo de antes, o por lo menos las que me han tocado.

No se si opinen lo mismo, pero el pesimismo de los que tienen el micrófono en sus manos para platicar sobre el papel de la delegación mexicana en las olimpiadas es patético. Al tercer día de transmisiones, al cuarto, al quinto y ahora con los conflictos e intereses políticos que se han descubierto, comentaristas de diversos medios han atacado el desempeño de algunos de los deportistas mexicanos en Brasil y me da un poco de coraje. Si bien sabemos que no es para estar orgullosos, nuestro deber como comunicadores es solamente describir, narrar, ser los ojos de quienes no tienen la oportunidad de viajar hasta la capital del deporte cada cuatro años, tal vez analizar las posibilidades que existen a futuro para algún equipo o competidor y colaborar para que el espectador siga emocionándose en cada competencia, siga la justa deportiva, grite, celebre y hasta llore con los atletas que ponen todo su empeño en su gran sueño.

Sólo los verdaderos profesionales, los que no se apoderan de una cámara o un micrófono para ser los protagonistas del suceso logran lo que estoy intentando explicar. Los atletas ya bastante tienen con el escaso, muy escaso apoyo por parte de nuestro gobierno para su preparación, viajes y hasta uniformes como para aún exigir como si fuera una obligación traer una medalla de oro, plata o bronce. Bastante hacen para, en sus condiciones y con sus posibilidades, dejar a México como un país en donde, además de todo lo que se dice, existen deportistas entregados, talentosos, resistentes y competitivos.

Si bien la polémica, la discusión, los enfrentamientos entre expertos, el análisis, las mesas de debate y la pasión de los narradores es divertida y entretenida en radio, televisión, redes sociales y hasta en prensa escrita, no creo que sean actitudes positivas para quienes hacen todo por estar frente al mundo gritando: México es mucho más de lo que se dice o lo que creen. Lo que necesitan los jóvenes que nos representan es impulso, reconocimiento, motivación, sentirse apoyados, sentir que estamos orgullosos de ellos y que pase lo que pase, su casa los recibirá con los brazos abiertos y celebrando que son los mejores del país, que son de los mejores en el planeta entero y que llegar hasta la cima ya vale la pena. Creo que merecen que todos nos subamos al barco con ellos y remar al mismo tiempo, ser parte de su corazón olímpico y gritarles ¡si se puede!, o por lo menos… eso creo yo.

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