Por: Carlos Quirarte

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Para entrar en contexto: en pleno siglo XXI se difunde la noticia de que en Egipto ocho presentadoras de televisión fueron suspendidas de su trabajo por ser mujeres de talla grande. Según declaraciones de una de ellas, les exigen bajar de peso en un mes para poder regresar a sus puestos frente a las cámaras, lo que hace muy preocupante la situación es que sea el sistema de radio y televisión del estado el que atenta contra su integridad.

El tema es que las presentadoras, que según parece siguen trabajando en sus programas de radio hasta el momento, ya no podrán aparecer en pantalla por no verse lo suficientemente “atractivas” para el público que sintoniza su canal, lo cual ha generado una gran controversia a nivel internacional ya que definitivamente la situación es humillante para quienes ahora, son defendidas por diversas asociaciones que trabajan por el cumplimiento de los derechos de la mujer.

El Centro de Orientación Legal de la Mujer el Egipto ha metido las manos de lleno al problema y está exigiendo, además de que las regresen lo más pronto posible a su trabajo, una disculpa pública a las profesionales, algo que definitivamente no ha ocurrido y que algunos analistas dudan que pase pronto. Las mujeres agredidas por su parte, han decidido como buenas comunicadoras, no quedarse calladas ante la situación y han hablado públicamente del caso diciendo que el medio no está promoviendo la salud como se excusa, está poniendo un pésimo ejemplo a quienes ven a la mujer perfecta en unos estándares de belleza de la que disfrutan solo algunas en el mundo entero.

Si bien es cierto que la televisión es un negocio en el que se intenta captar la atención de la mayor cantidad público posible y gracias a ello vender productos y servicios de diversos clientes, también es cierto que lleva en sus hombros una gran responsabilidad de educar y promover valores que no denigren, sobajen o maltraten a ninguna persona, pero en especial a las mujeres, un género violentado en muchos ámbitos de la vida laboral, social y escolar en el mundo entero desde hace muchos años y que se ha tratado de dignificar poco a poco en la mayor parte del planeta. Mientras en occidente se trabaja para impulsar y lograr el empoderamiento de la mujer, mientras aquí se trabaja en la defensa de sus derechos y la igualdad de género, en otros sitios del mundo como Egipto también se lucha pero por no permitir que el talento o capacidades de sus mujeres se encuentren por encima de una figura que ellos llaman “perfecta”.

Es claro que la obesidad en el mundo es un tema que debe ser tratado con urgencia, que se deben tomar acciones para alertar a la población sobre las terribles consecuencias por no mantener un peso promedio. Es claro que la alimentación infantil debe modificarse urgentemente para tener jóvenes y adultos más sanos en el futuro y también es claro que quienes se eucnetran en un medio masivo de comunicación son un ejemplo ante la sociedad que los sintoniza. Lo que no es permisible es la forma en la que las chicas son expuestas al mundo y bajo la mirada de millones que se esconden tras las redes sociales. No podemos permitir que ni la raza, el origen, preferencias sexuales, género o creencias, mutilen de esa forma el desarrollo de un profesional en cualquier ámbito. Es sabido que en la pantalla la imagen es importante, pero como lo cita una de las valientes periodistas que ha hablado ante medios internacionales: en su caso no es necesario.

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